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sábado, 26 de mayo de 2012

Subirse al barco que llaman Felicidad

Ayer miraba mi pasaporte, luego de haberlo recogido tras el proceso de la visa estadounidense y me impactó su fecha de emisión. Hace más de dos años que comenzamos nuestro proyecto migratorio a Québec. Primero pensé que era demasiado tiempo y que se me había pasado como agua entre las manos, pero luego fueron apareciendo en mi memoria todos los hermosos momentos que viví durante esta etapa de mi vida y comprendí que los percibo muy rápidos porque han estado cargados de intensidad, pasión y amor.

Recordé también una plática que tuve con un amigo hace un par de días, donde le comentaba que yo apreciaba mucho este tiempo en el que estoy estudiando de noche porque les ha permitido a mis hijas y a mi marido crear un lazo muy especial. Le decía que esa era mi manera de ver las cosas, algo que en un principio me chocó terminó convirtiéndose en algo positivo. Mi punto es que estoy segura que estos dos años no han sido maravillosos por sí mismos, sino que yo los he vivido de esta manera porque así lo quería vivir. Ningún mal momento viene a mi mente cuando pienso en lo vivido hasta que me obligo a ser “realista” y busco detenidamente los procesos o situaciones más difíciles, pero inmediatamente los maquillo con un “no podían haber sido de otra manera” y “me permitieron aprender tal o cual cosa”. Es maravilloso como un proceso que comenzó siendo completamente consciente: escoger una actitud ante la vida, se ha adherido tan fuertemente a mi subconsciente y hace que mi vida sea tan placentera. Gracias a este aprendizaje hoy puedo afirmar que SE ser feliz.

Para aquellos que apenas me conocen lo que cuento pudiera parecer sin importancia, porque me han conocido en mi etapa positiva, pero lo cierto es que la felicidad era un concepto que yo casi no practicaba. Antes estaba obsesionada con el pasado, vivía aferrada a proyectos rígidos que construirían mi futuro, era herida infinidad de veces porque esperaba que la vida y los otros actuaran de acuerdo a mis perspectivas internas y buscaba eternidad en todo, lo que hacia que cada cambio, grande o pequeño, me arrastrara a una depresión o una crisis existencial. He aprendido que la vida no es tan seria, que cargar las cadenas del pasado (buenas o malas) no tiene sentido, que no hay más tiempo que el presente, que la realidad no son mis fantasías y que no todas las cosas dependen sólo de mí y hay que saber tomarlas como vienen como dice la frase “serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,  valor para cambiar lo que puedo y sabiduría para conocer la diferencia”.

Este proceso migratorio me ha hecho utilizar TODO lo que he aprendido en la vida. En ocasiones cuando escucho las historias de otros inmigrantes y cómo han sufrido o batallado en su proceso, mi primer pensamiento es que yo lo he tenido fácil, porque llegamos con un trabajo y las cosas se han ido siempre acomodando para bien. Sin embargo, los últimos días he analizado estas situaciones con calma y me doy cuenta que muchas veces estas personas deciden, desde antes, ver su experiencia como difícil, llena de obstáculos y como si todo estuviera en su contra.

No son pocos los que me han afirmado que en la Universidad hay “discriminación” contra los latinos y teniendo los mismos maestros yo jamás lo he sentido así; he visto como muchas personas rechazan buenos trabajos porque tienen la idea de que necesitan estudiar para al final obtener el trabajo de sus sueños, cuando esta decisión pudiera no tener los resultados que ellos esperan, al final, cuando les pidan la experiencia canadiense y no la tengan por haber estudiado cuatro años, ¿cómo van a enfrentar un ofrecimiento igual al primero o una búsqueda laborar lenta y desgastante?; las comparaciones con sus países de origen donde la comida era fabulosa, donde la familia te acompaña, donde tus hijos no consumen drogas, donde las adolescentes no se embarazan, donde los jóvenes no dejan sus casas, donde los niños van a la escuela menos tiempo, donde… todo es maravilloso, me hacen preguntarme ¿entonces, por qué no se regresan?; las quejas del idioma, porque es imposible entenderles a los québecos, porque tienen un acento “horrible”, porque el francés es muy difícil ¿y no sabían que sería así?. Sí, es cierto, nosotros la hemos tenido fácil pero no será porque así lo quisimos y porque tuvimos el valor de enfrentar aquello que sí podíamos cambiar y aceptamos aquello que no.

En el fondo todo esto me da vueltas en la cabeza porque quisiera estar segura de estar transmitiéndoles esa actitud positiva ante la vida a mis hijas. Cómo quiero que sean capaces de desarrollar esa “inteligencia emocional” (como la llaman ahora) para que sepan embarcarse en ese barco que llaman Felicidad.

sábado, 10 de marzo de 2012

VOLER A SER NIÑO

Emigrar es como volver a nacer. Uno debe aprender a hablar, a caminar, a hacer amigos… a construir una vida.

Si entendemos la vida como una serie de procesos, me parece que quien ha aprendido de los anteriores podrá lograr éxitos más rápidamente en su proceso migratorio. Para aquellos que no comprendieron sus procesos no todo está perdido, eso tiene de maravilloso este país, así como te permite cambiar completamente de actividad profesional, también te permite rehacer tu vida.

 El verdadero problema es aferrarse a los errores anteriores, porque entonces sólo trasladamos nuestros problemas del país de origen al nuevo. Emigrar nos obliga a tocar fondo, tenemos que buscar en nuestro interior todas esas cualidades que nos han facilitado la vida para aplicarlas nuevamente y ser capaces de mirar nuestros errores, para en un contexto diferente, brincar nuestros obstáculos internos y lograr eso que nos hemos propuesto: un mejor trabajo, calidad de vida, paz interior… una nueva forma de vivir.

 Habrá que preguntarse entonces cuáles son mis bloqueos internos, mis miedos, mis prejuicios. Esas cosas que yo conservo y que evitan que yo me integre: mi miedo a equivocarme, mi dependencia a los otros, mi ego, mi timidez, mis encadenamiento al pasado (país de origen, personas), mi resistencia al cambio. Porque mi nuevo lugar no cambiará mi vida por arte de magia, el cambio se dará si yo aprovecho lo que mi nuevo entorno me brinda y soy capaz de descifrarlo y aplicarlo.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Crecer o perderse

Foto de Juan Carlos sobrevolando Montreal en avioneta
Seis meses han pasado y no me siento tan extraña como creí que estaría y he logrado más de lo que me había permitido soñar. Así soy yo, previendo lo difícil y buscándole las razones a las dificultades, mientras convierto en experiencias las frustraciones y minimizo los problemas.

Montreal desde el aire
Compartir hoy lo que he vivido, pensado y sentido en este tiempo, no es tarea fácil, porque ya está matizado por mi subjetividad, pero sé que quien lee quiere reafirmar sus ideas, tomar fuerza para sus luchas o encontrar razones para desistir. Entonces un pensamiento ético me atrapa, porque bajo circunstancias parecidas son los detalles los que hacen la diferencia y no quisiera que lo que yo escribo lleve a otro a tomar las decisiones incorrectas.


Yo me siento feliz en Montreal. Ahora es mi lugar en el mundo y voy aprendiendo a ver sus calles, sus estaciones, su gente tal como son, no como los imaginé y voy siendo parte de ese mundo mucho más rápido de lo que hubiera creído, porque me muevo con seguridad y aún tropezando con sus idiomas puedo darme a entender y comenzar a relacionarme con esta nueva realidad.

Mis hijas me llenan de orgullo, porque  vuelven a tener amigos y sonríen. Porque van aprendiendo a disfrutar lo que su nuevo mundo les ofrece y dicen que les gusta la nieve y que venir a Montreal fue “una buena idea”. Aunque se enojen porque hay tráfico de regreso a casa, porque su familia de México no viene a visitarlas a su casa y se haga de noche tan rápido.

Juan Carlos cada vez se siente más cómodo en su trabajo. El francés va ganándole terreno al inglés, aunque todavía se sienta incómodo con eso. Tantas experiencias nuevas y enriquecedoras combinadas con la sensación de que los vecinos nos vean como pequeños niños aprendiendo hacer las cosas como se deben de hacer.

 No, no todo es miel sobre hojuelas, a pesar de tener trabajo, entrar a la universidad, sentirse bien y certeros de haber tomado una buena decisión. También hemos sufrido con la experiencia del permiso de conducir, las tarjetas de residentes de mis hijas y mía siguen sin llegar, las llamadas por teléfono todavía causan cierta angustia.

Pero qué reconfortante es saber que uno ha escogido un camino por las razones correctas y es capaz de enfrentarse a las consecuencias con responsabilidad.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Lo que no se dice

Hace unos días me encontré en el blog de los Ziegler una conversación de Guillermo (su autor) con Carola del blog de Espacio Toronto sobre el networking. La conversación giró en torno a muchos temas interesantes, pero me llamó mucho la atención algo que dijo ella sobre que nadie te va a decir las cosas que piensa cuando tú (con tu cultura diferente) actúas distinto a lo que los locales esperan de ti. Me acordé de muchas teorías de comunicación en donde te explican que para interactuar con el otro de manera eficiente tienes que compartir códigos, no sólo se trata de hablar la misma legua sino de compartir significados de las cosas y las acciones.

Yo misma me he sorprendido muchas veces haciendo un análisis de los que los demás hacen o dicen porque es distinto a lo que yo he vivido toda mi vida, pero es cierto, jamás lo haría evidente y mucho menos lo diría.

 En los casi 6 meses que llevo viviendo en Montreal he entablado un relación un poco más profunda sólo con dos quebecos. Los martes en la mañana voy a un taller de conversación con un señor jubilado de la policía de Montreal que da el taller como voluntario. Por razones diversas terminé asistiendo al taller sólo yo, lo que implica que durante dos horas seguidas hablamos en francés sin parar. Los dos somos muy platicadores, lo que ha ocasionado que terminemos haciendo preguntas un poco fuera de lo común. El martes pasado me animé a preguntarle directamente qué opinaba él sobre la inmigración. Me sonrió y me dijo que estaba de acuerdo, de lo contrario no trabajaría como voluntario para un proyecto de integración de inmigrantes. Pero sabía que la pregunta esperaba una respuesta más profunda y me contestó lo siguiente:

 En todos los años que él llevaba dando el taller había conocido muchos tipos de inmigrantes, pero me explicaba que el 80% tenían un nivel de escolaridad de al menos universidad y muchos de ellos tenían hasta doctorados. Me contó que había visto con tristeza que muchos de ellos tenían que cambiar de profesión porque Québec no les daba la oportunidad de ejercer. El cree que Québec no está preparado para estos inmigrantes, no puede entender cómo se desperdicia tanto talento. (Así me lo dijo)

 Su segundo punto fue tratado más cuidadosamente, supongo que porque yo soy una inmigrante y quería ser respetuoso conmigo, lo creo así porque mencionó que “los que hablaban español no tenían tanto este problema”. Me explicó que las diferencias religiosas y de costumbres eran a veces difíciles de entender. Me puso el ejemplo de una musulmana que había conocido: me contó como el esposo la acompañó durante tres clases y él sintió que era para asegurarse de que el que daba la clase no fuera ningún problema (después siguió yendo la mujer sola), el taller terminó y cuando la volvió a ver un tiempo después fue trabajando como traductora en un hospital. El se animó a preguntarle qué pasaría si su esposa fuera a visitar su país de origen y no portara burqa a lo que la mujer respondió que sería aprendida por un policía. El cree que es injusto que los inmigrantes que vienen a Canadá puedan seguir con sus costumbres y en cambio los demás, sólo como turistas, no puedan ser respetados en otros países como el de la mujer. Para él, este multiculturalismo no sólo trae enriquecimiento sino también problemas y jamás va a estar de acuerdo con un “asesinato por honor”. Concretó con esta frase “Si ellos no están preparados para venir, ¿para qué vienen?” y no creo que sea una frase que suela decirle a los inmigrantes cuando actúan de manera diferente, pero estoy segura que lo piensa.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Imposible?

Frente a mi hogar ocurre algo que me hace pensar que Montreal es verdaderamente una ciudad multicultural. También es un hecho que me hace sonreír porque me da un poquito de esperanza sobre este mundo, quizás al final sí puede cambiar.


Pensar en un hecho así en la Alemania nazi sería IMPOSIBLE, pero en otro tiempo, en otras circunstancias y sobre todo con un avance en la forma de pensar es completamente POSIBLE. Frente a mi casa existe un inmueble con cuatro departamentos: en el primero habita una familia judía, en otro una familia africana, en el tercero un amable abuelito alemán y en el último una familia musulmana.


... yo me quedo con la idea de que nada es estático.

sábado, 8 de octubre de 2011

Al final, siempre hay algo en común... somos humanos.

La francisación la estoy llevando con un organismo de ayuda a los imigrantes llamado PROMIS y el jueves pasado tuvimos la posibilidad de asistir a un evento con el fin de celebrar la "Semana de reencuentros intercurturales". Como parte del programa había varios invitados entre ellos un inmigrante chileno llamado Osvaldo Nuñez que lleva más de 30 años en Québec y es un ex-diputado federal del "Bloc-Québécois". Otro de los invitados era el realizador Jean-Louis Coté, quien presentó un documental llamado el "Fenómeno Tanguy".

El documental disparó mis pensamientos en sentido contrario al que he venido platicando por aquí, porque habla un poco de cómo los inmigrantes hemos influído en la cultura de Québec. El Fenómeno Tanguy se refiere a la edad en que los jóvenes dejan la casa de sus padres o para ser más concretos de aquellos que deciden quedarse después de los 18 años. Antes, en Québec, cumplir 18 era sinónimo de dejar la casa paterna, no digo que eso ya no suceda, pero al parecer comienzan a haber casos donde los jóvenes deciden quedarse hasta terminar sus estudios o casarse.

Al finalizar el documental se realizó un foro de discusión y pudimos escuchar a varias personas originarias de Québec que decían que ellos habían dejado sus casas entre los 18 o los 20 años, pero sus hijos estaban actualmente con ellos y tienen más de 20 años y que para ellos ésto era magnífico porque podían ayudarlos a terminar sus estudios y seguir disfrutándolos en casa. Eso me hizo pensar que en México comienza a ser más común el caso contrario. Antes, practicamente todos se quedaban en casa de sus padres hasta casarse y los pocos que se iban antes lo hacían porque tenían que estudiar en otra ciudad y en esos casos eran generalmente hombres. Con el paso de los años son más los muchachos y las muchachas que dejan la casa de sus padres para estudiar o simplemente para tener una vida independiente. Entonces me hizo darme cuenta que la influencia está en ambos sentidos y que en culturas tan distintas podemos encontrar razones tan parecidas como el amor, la solidaridad, el deseo de libertad... todos quieren lo mejor para sus hijos, seamos mexicanos, quebequenses o chinos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Tres meses

Ya cumplimos tres meses en Montreal, en realidad el tiempo se ha pasado volando. Entre tantas cosas nuevas uno no tiene un momento para detenerse a pensar, cada día hay un reto o un trámite por realizar. Sin embargo me he descubierto muchas veces con una idea en la cabeza: ¿te das cuenta de que estás viviendo un sueño?


Es curioso como podemos pasar la vida buscando una cosa y cuando la obtenemos se nos olvida lo difícil que fue, borramos todas las dificultades por las que pasamos para obtenerla. Supongo que es un mecanismo de defensa, se vuelve más importante aquello hermoso que ganamos al final de la batalla y así podemos volver a emprender una nueva lucha sin miedo ni hastío.

Para alcanzar nuestra meta, pasamos más de un año estudiando idiomas en cursos intensivos, ahorramos lo más que pudimos dejando a un lado muchos placeres, investigamos sobre nuestra nueva ciudad: su cultura, su economía, cómo funcionan los procesos de contratación, nuestros campos laborales, lugares para vivir, comida. Cada una de estas pequeñas cosas han hecho la diferencia ahora, entre más sabes de algo más herramientas tienes para enfrentarte a los retos que se te pondrán en el camino. Gracias a este hecho y a un poco de suerte, llegamos a destino ya con un trabajo asegurado, esto definitivamente hizo las cosas más fáciles, porque en vez de dedicar tiempo a la búsqueda laborar estamos enfocados de lleno a nuestra integración social.

Hace una semana cumplí años y quiero agradecerle a la vida por permitirme haber llegado a donde estoy. Gracias a mi marido, que sin él este sueño y esta vida no serían tan maravillosos, gracias por ser el hombre íntegro, perseverante, amoroso y generoso que siempre has sido. Gracias a mis hijas, porque con cada día de sus pequeñas vidas me han enseñado tanto y me han permitido descubrir cosas en mí, que yo desconocía completamente. Gracias a mis padres y a mis hermanas, porque compartiendo mi vida con ellos soy conciente del tipo de familia que quiero para mis hijas, porque los valores que aprendí con la convivencia diaria me hicieron ser quien soy. Gracias a mis amigos, que ya están regados por todo el mundo, porque sin ellos mi vida no sería tan divertida, porque gracias a sus particulares características he aprendido a admirar la naturaleza humana.

Las fotos son de un parque natural en Montreal llamado "Bois de Liesse" para familias que adoren la naturaleza es altamente recomendable.







domingo, 4 de septiembre de 2011

Multiculturalidad, diferencias y... otras sorpresas.

En estos días me he encontrado con muchas personas que están luchando por encontrar su lugar en un ambiente o situación distinta y me ha dado por filosofar un poco:


Vivir en un país como Canadá te permite realmente entender qué es el Multiculturalismo y las complicaciones que esta expresión del pluralismo trae para la adaptación. Nuestro bagaje cultural muchas veces nos permite introducirnos a la nueva sociedad más rápido o más lento, dependiendo en mucho de las diferencias y similitudes con la nueva sociedad. Me parece (esta es una opinión muy personal) que los latinos tenemos ciertas ventajas al venir a Canadá porque en nuestros países están muy presentes las formas de vida de Los Estados Unidos y el país de la Hoja de Maple, ya no somos tan diferentes, la globalización ya hizo su trabajo y no nos parecen tan distintos a primera vista. Para otras culturas o religiones las diferencias parecen más radicales y probablemente el esfuerzo de adaptación debe ser mayor.


Pero seamos realistas, las relaciones humanas son difíciles, aún con personas de nuestra misma cultura nos es difícil entendernos en muchas situaciones. Por ejemplo, en un matrimonio uno puede saber cómo es el otro, pero cuando te enfrentas a ciertas situaciones específicas siempre salen las diferencias y con ellas se presentan dificultades. Creo que entre más distintos seamos más complicado es encontrar soluciones a estos problemas, pero también creo que una buena actitud y un verdadero compromiso pueden ayudarnos a pasar cualquier obstáculo.


Para adaptarnos es básico un proceso de aceptación al cambio. Debemos aceptar que las cosas cambian (aunque muchas veces no lo queramos) y que nosotros debemos también cambiar para que ese proceso no nos “destruya”. No estoy diciendo que debemos dejar de ser nosotros mismos, pero entre más rígidos seamos y más empeñados estemos en conservar las cosas inmóviles más infelices seremos. Hay que abrirnos a las cosas nuevas, distintas. Hay que ser tolerantes. Hay que mirar los pequeños detalles de esos cambios, aquellas cosas pequeñas que sí nos gustan para que poco a poco nos sintamos mejor en ese nuevo ambiente.


Cuando mi vida parece oscura siempre intento recordar qué fue lo que me hizo estar ahí, si decidí un país, un marido, un trabajo, un tipo de vida algo debí haber estado buscando. Cuando me enojo con mi marido busco recordar esas cosas de mi vida con él que sí valen la pena y me enfoco en eso, decido que “eso” es más importante y comienzo a mirar esa lucecita al final del camino y siempre, al comenzar a caminar en esa dirección la luz se va haciendo más grande hasta encontrar la salida. Yo decidí este país o decidí seguir a la persona que amo, así que a mirar lo bueno y ¡DECIDIR SER FELIZ!

sábado, 27 de agosto de 2011

Pensamientos

  Esta foto no es mía, ni el pensamiento que sigue, pero lo encontré en FB y me encantó:
 
Es tiempo de dejar ir, de permitir que el viento me despeine y me sacuda; que se ... lleve el resentimiento, que mi alma perdone deudas y deudores.

Qué estupendo es cuando no controlas a nadie, cuando no pides cuentas, cuando tiras a la basura los rencores.

Entre ser feliz y tener la razón elijo lo primero. Tener la razón es el peor de los desgastes, pues te quita el sueño intentando corregir el universo.

Elijo dejarme ir, mirar la sonrisa del sol y abrazar el aire.
Elijo soltar amarras para tener mis manos libres y dar espacio a lo que venga.

sábado, 21 de mayo de 2011

El Tiempo antes de Partir

Ayer unos amigos me preguntaron porque ya no estaba escribiendo en el blog, estoy segura de que si ellos hacen este proceso (que dicen querer hacer y yo deseo tanto que hagan) se darán cuenta que en esta etapa es difícil dase un tiempo para sentarse a organizar las ideas y plantearlas de forma escrita.

Nos vamos, ya es un hecho, no falta ningún trámite de inmigración. Nos vamos con trabajo (bueno, mi marido) y somos conscientes de que esto no es lo común. No sé si llamarlo suerte, perseverancia, destino. Tal vez es un poco de todo. Lo cierto para aquellos que me leen y sueñan con irse a Canadá es que existe una posibilidad, así que yo diría que hay que aplicar a los trabajos desde nuestros lugares de origen, nunca se sabe si el próximo en poder tener una oportunidad sean ustedes y este ejercicio también nos aclara mucho el panorama laboral.

Estamos felicies, tranquilos. Al principio nos imaginábamos lo que se sentiría subirse al avión a empezar tremenda aventura sin un trabajo seguro, sabiendo que los ahorros no duran para siempre si no hay una entrada de dinero. Admiro aquellos que ya lo han hecho, porque aún con trabajo son tantas cosas las que nos tienen ansiosos, que ahora me pregunto cómo se maneja semejante estrés sin dañar a la pareja y a los hijos. Estamos tranquilos porque tendremos un lugar donde llegar, un trabajo seguro, ayuda para los primeros trámites; la empresa donde trabajará mi marido nos proporcionará todo esto. Todavía quedan dudas, sobretodo relacionadas con las niñas y conmigo: las guarderías, las clases de francés, el hogar definitivo. Mas creo que todo va acomodándose y es cuestión de llegar con buena actitud y dispuestos a enfrentar el proceso de adaptación con todo lo que se necesite.

Este tiempo de espera ha sido reconfortante, mi marido dejó de trabajar y hemos podido tener unas buenas vacaciones y regresar con los abuelos (de mis hijas) para poder pasar un tiempo de calidad con la familia, que sabemos que es lo que más vamos a extrañar cuando estemos en nuestra nueva vida.

Faltan pocos días para volar a Quebéc, como tanto lo he soñado. A veces me parece que el tiempo pasa lento, cuando no tenemos las respuestas a las inumerables dudas que nos surgen respecto al trabajo, la vida, el viaje y todo lo que tenga que ver con la partida. Otras tantas me parece que el tiempo se nos escurre de las manos y que en un abrir y cerrar de ojos se van acabando los días que podemos compartir con nuestros seres queridos en México. Ha sido un gran regalo de la vida poder pasar este tiempo sin tantas preocupaciones, porque me ha permitido cerrar círculos, recargar el corazón y soñar con todas las posibilidades que nos ofrece nuestra nueva aventura.

Yo seguiré disfrutando de mi tiempo antes de partir...

miércoles, 30 de marzo de 2011

Haciendo la maleta espiritual.

En la vida vamos encontrando cosas y personas que nos van marcando. Para entender por qué somos como somos debemos comprender esos hechos que se quedaron impregnados en nosotros y nos hacen actuar (o no actuar) de cierta forma. Haciendo las maletas para nuestra partida me he encontrado con el baul de los recuerdos y se ha desempolvado el pasado, reencontré viejos escritos, cartas, fotos y un millón de chucherías que me han obligado a hacer mi maleta espiritual.



Hoy quiero hablar de esas personas especiales que han marcado mi vida. Escogeré las tres que me han sido más significativas en este terremoto de sentimientos por el que estoy pasando. El primero es y será siempre mi padre. Escribirlo es difícil porque creo que puedo herir al resto de mi familia, pero si he de sincerarme aquí por primera vez, diré abiertamente, que es el que más ha impactado mi vida. Es un hombre "puro corazón", aunque sea gritón, desesperado y despistado. No es el hombre más tolerante que conozco, sin embargo conmigo siempre lo ha sido, al contrario que mis hermanas siempre he podido hablar con él sinceramente y sin miramientos. A pesar de que es común que no estemos de acuerdo ha sabido dar su opinión haciéndome sentir siempre apoyada. Cuando pienso en mi partida, invariablemente pienso que me hará falta y muero de angustia de pensar que algo pudiera ocurrirle y que yo no podré estar a su lado. Amo a este hombre con todo mi corazón y es un precio muy alto saber que mis hijas no podrán ver a su TITO todo lo que yo quisiera.


Sé que mi segunda persona no cree que ha sido tan importante en mi vida y sin embargo sin él es imposible entender quién soy. Federico apareció en mi vida en el momento más indicado, la adolescencia. Hay un yo antes y otro yo después de conocerlo. Él me abrió los ojos a cosas que yo jamás había tomado en cuenta, gracias a él descubrí la lectura, el arte, la filosofía, el cine, la música... me descubrí. En estos últimos años no nos hemos frecuentado mucho, sin embargo he estado pendiente de lo que sucede en su vida. Fue tan extraña y fuerte mi relación con él que debimos separarnos un poco para no asfixiarnos y encontrar cada uno su camino, sus alas y sus formas de volar. Pero le agradezco todo lo que fue, es y será siempre para mí.


Sé que me leeras y sabes que voy a hablar de ti: mi gran amiga, la mujer que me hizo volver a creer en la amistad, Elba. Nadie ha sabido entenderme y descifrarme como lo has hecho tú. Te extraño, porque la vida es tan loca que me regaló años maravillosos a tu lado y luego nos fue separando de a poco. Sé que eres feliz y que sabes que yo soy feliz, pero a veces me haces falta, quisiera poder vivir cerca para volver a pasar esas horas interminables dialogando contigo y mira la ironía, me voy más lejos. Gracias por ser quien eres y por reaparecer en mi vida antes de que todo cambie nuevamente.



Estos son los tres recuerdos, los tres amores que me llevo siempre en mi maleta interna, los que me hacen recordar quién soy. Hay otros tres sin los que mi vida no tiene sentido, pero esos me acompañan por dentro y por fuera y ojalá lo hagan por mucho tiempo más.

Hay otras personas que son sumamente importantes en mi vida, pero dije que escogería a tres, no sólo porque los quiero, sino porque marcaron de manera indeleble mi forma de ser. Que me perdonen aquellas personitas importantes que por esta vez dejé fuera de la lista, de todos modos sé que saben cuánto los quiero y cuánto los extrañaré.

viernes, 25 de marzo de 2011

Emigrar II


Vuelvo a las razones para migrar... y descubro que son tantas.


Los seres humanos reaccionamos distinto aún a las mismas experiencias. Las cosas que hacen feliz a una persona pueden ser las mismas que otro odia. Así veo yo la migración, yo lo veo como un sueño, para otros sería una pesadilla.

Me gustan los cambios, odio cuando mi vida se estanca. Creo firmemente que la felicidad es más una actitud, una forma de vida, que un lugar al que se llega. Soy feliz aquí donde estoy y como soy, estoy segura que Canadá no me dará la felicidad, sin embargo creo que tiene muchas cosas que yo he estado buscando y lo más importante es que representa un enorme reto que me permitirá descubrir más cosas de mí misma y de mi familia. Para mí, de eso se trata la vida.

Busco en este sueño la posibilidad de reinventarme, en mi país las puertas se van cerrando mientras vas creciendo, al parecer en Canadá hay más oportunidades de reiniciar mi carrera profesional o reinventarme.  Aprender nuevos idioma y nuevas formas de hacer las cosas les generará a mis hijas más opcones de vida. Mi marido podrá continuar con su profesión con la posibilidad de seguir creciendo, pues aquí en México se estaba quedando sin opciones.

Mentiría si dijera que no tengo miedo, cada cambio representa un riesgo, pero no soportaría la idea de no haberlo intentado, soy de las personas que prefieren sentir dolor a no sentir nada. Llegó el momento de saltar y lo hago con miedo pero con una enorme esperanza. Quiero esta experiencia, quiero esta posibilidad, quiero este nuevo reto en mi vida.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Emigrar I

Va acercándose el momento de partir y en mi cabeza hay miles de pensamientos, pero sobresale uno de entre todos ellos: ¿por qué emigrar? Todo el tiempo lo he soñado, lo he esperado, pero que es lo que nos mueve (me mueve) a querer partir, a dejarlo todo.


Mentiría si no dijera que la situación en México es una de las razones más poderosas. Creo que la realidad supera las noticias, antes veía un noticiario y pensaba que sólo decían la nota roja, pero ahora, cuando llamo a mis familiares en Tamaulipas y me cuentan lo que están viviendo y no lo pasan en las noticias, me asusta. Ya no es algo ajeno, ya no basta con decir “yo no estoy metido en drogas, a mí no me va a pasar, eso les pasa a los de la frontera o a los que están involucrados con el narco o tienen mucho dinero”. La verdad es que ahora les pasa a todos, creo que casi cualquier persona en México tiene una historia personal o de alguien muy cercano al que le ha ocurrido algo: secuestros, balaceras, violaciones, robos, de todo.

No quiero que mis hijas vivan así… con miedo, con inseguridad, con incertidumbre. A veces pienso que esas mismas ideas me causarán problemas cuando ya estemos allá, porque mis padres, mi hermana con su familia, mis tíos, mis suegros, mis cuñados, mis… tantos seres queridos se quedan. No quiero llamar a mi mamá y que me cuente que tuvo que hablarle a mi papá para que no viniera a casa porque estaba escuchando detonaciones, como ya lo hizo mi prima la semana pasada. Quiero que México cambie, pero la verdad una parte de mí ya no cree que suceda. Toda mi vida he escuchado este tipo de problemas en mi país y cada día esos problemas son más y mucho más cercanos. Podría quedarme a luchar pero cuándo vería un cambio o peor aún cuál es el precio que tendría que pagar mientras cambia.

Tampoco quiero ver cómo el gobierno se lleva nuestros impuestos y no los vemos reflejados nunca en nuestras ciudades. Porque tenemos que pagar por una salud y una educación privada, que van mermando nuestra capacidad de ahorro y de vida digna. Porque las pensiones, el infonavit y el fondo para el retiro pueden desaparecer mañana, como lo han hecho tantas veces en este país. Ningún país es perfecto, lo tengo muy claro, habrá seguramente cosas de Canadá que no me llenen, pero al menos quiero vivir en un país donde exista más seguridad y certidumbre.

Seguiré contestándome mi pregunta, con los otros motivos que tengo para querer partir…

martes, 18 de enero de 2011

... y el tiempo pasa ...

Hay cosas en la vida que nos hacen darnos cuenta que el tiempo pasa y muy rápido. Cuando uno es niño, pensar en una semana nos parece eterno, con el paso de los años nuestra percepción va cambiando y cuando menos nos damos cuenta decimos frases como "hace 5, 10 0 15 años que...".

Cuando nació mi primera hija me fue evidente que en un abrir ir cerrar de ojos esa personita iba acumulando años en su haber, pero ahora con dos y con un proceso tan lleno de subidas y bajadas como lo es migrar me ha sucedido que no se bien cómo pasó el último año de mi vida, han sido tantas cosas las que han pasado que no me han permitido detenerme a disfrutar los pequeños momentos. Ayer nació mi sobrina Isabella, es la hija de mi hermana menor y ver hoy sus primeras fotos me hizo sentir que la vida pasa rápido, muy rápido. Tengo que desacelerar un poco todo lo que está ocurriendo en mi vida actualmente, porque me quedan sólo un par de meses y no quiero llegar a Quebec y sentir que no vivi intensamente este proceso.

Me propongo saborear las deliciosas pláticas con mis amigos mexicanos, deleitarme con las reuniones familiares, llenar mis pupilas con los colores de mi país, gozar a mis hijas hablando español todo el tiempo (bueno las 10 palabras que dice la menor) y vivir pleanamente estos meses. Debo dejar de preocuparme por los papeleos, por la llegada, por las despedidas, por... debo aceptar que he investigado todo lo posible y que debo dejar que las cosas pasen, pues es imposible preveerlo todo. Porque lo que no puedo hacer es regresar el tiempo, y éste, es el momento para recargar pilas para lo que viene después.

lunes, 10 de enero de 2011

Época Loca

Quería escribir muchas cosas, publicar mis fotos navideñas, pero esta es una época loca. Tan loca que en realidad no sé ni cómo me siento. Pasan tantas cosas y a la vez no pasa nada.


                                                                                                       

Creí que estas vacaciones navideñas estaría pensando "es mi última navidad en México", pero no, en realidad la disfruté muchísimo y casi me olvidé por completo de trámites, tiempos y todo lo que tenía que ver con Canadá. En realidad pensaba en eso sólo cuando la conversación lo ameritaba, cuando los demás preguntaban al respecto.

Mis papás se fueron a Estados Unidos y mi sobrina no se decide a llegar al mundo. También por eso digo que es una época loca, dió indicios de querer salir desde hace un mes y nada, todavía no se nos hace poder conocerla. Ya te queremos conocer Isabela!!!

Ha sido extraño ver las reacciones de los demás con respecto a nuestra partida, hay personas que me han sorprendido mucho, porque en realidad creí que no les importaría y veo que sí. Este proceso es como una especie de reafirmante de las relaciones o destructor de las mismas. Sólo espero que aqueños que sufren con nuestra decisión lleguen a comprenderla.

Por último, pero no por ello menos importante quiero desearle a todos un feliz año. Que el 2011 esté lleno de cosas buenas para todos. Que para nosotros será el año de decir "Bonjour Quebec".


martes, 30 de noviembre de 2010

¿Cómo...?

¿Cómo pedirle a alguien que te apoye si sólo va a perder al hacerlo?




Ellos no van a irse, ni van a buscar esas cosas que tú sueñas.
Ellos se quedan y extrañarán todo lo que compartían y tratarán de llenar el vacío llamando de vez en vez.
Ellos no estarán ocupados con todo lo nuevo, ellos se quedarán mirando los recuerdos.
Y sin embargo quieres palabras de aliento porque en el fondo duele, y dolerá, esa parte de ti que se rompe alzando el vuelo.

P.D. Hoy enviamos los papeles a la Embajada de Canadá. Comienza la segunda parte.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Cada cabeza es un mundo.

Mientras van pasando las diferentes etapas del proceso de migrar a Canadá se vuelven más evidentes las deferencias entre las personas. Lo primero que me hizo pensar en esta idea fue el "deseo" de migrar y con ello el que no todas las personas son para la migración, es decir, que como habemos personas que soñamos con la idea de cambiarlo todo, de vivir una nueva experiencia, de arriesgar; están los que jamás han sentido ni siquiera una mínima curiosidad al respecto, que están seguros que no quieren salir de sus países no importa cuantos defectos tenga éste. El no tener ese deseo y otras cosas que llamaré "capacidad de adaptación" influyen en que una persona pudiera tener éxito o no en un proyecto migratorio.

En la etapa que estoy ahora, han aflorado diferencias al interior del equipo, ya no son las discrepancias con los que no entienden que queramos irnos, ahora son hacia adentro, lo distinto que vemos nuestro proyecto mi marido y yo. Sabiendo que Québec nos aceptó han comenzado los planes más en forma y resulta que vemos las cosas muy distintas. Eso en un principio parecería un problema, pero no lo es, al contrario, porque uniendo dos puntos de vista tan distintos se puede llegar a un mejor equilibrio, mientras no perdamos la capacidad de escucharnos.

Yo estoy influenciada por todo lo que he leído en internet y él por todo lo que ha vivido en el campo laboral. Lo cierto es que he llegado a la conclusión de que cada experiencia de migración es única e irrepetible, cuando yo creía que llegar a Canadá con trabajo era imposible leí en la red "un" caso de alguien que sí lo logró. Así que seguiremos compartiendo nuestros diferentes puntos de vista para irnos lo mejor preparados y con la mejor estrategia posible, porque lo cierto es que no encuentro alguien con una situación parecida a la de nosotros, en los blogs escriben muchas personas con gran variedad de profesiones (ninguna igual a la de mi marido) y tantos puntos de vista distintos que a veces en vez de aclararme el panorama, me generan más dudas. Supongo que será como Guillermo (el autor del blog "Los Ziegler en Canadá") me dijo: hay que prepararse lo mejor que se pueda, pero de todas formas habrá cosas que al llegar no habré podido preveer.

Lo que sí es seguro (y en eso coincidimos) es que los idiomas son fundamentales así que el tiempo que reste para pisar tierras quebequenses a seguir estudiando inglés y francés!!!

domingo, 31 de octubre de 2010

¿Halloween o Día de Muertos?


Cuando yo era niña en México no se festejaba Halloween y para ser sinceros también se había perdido mucho de nuestra tradición de Día de Muertos. Sólo se hacían altares en algunos lugares específicos como los cementerios de muchas ciudades de Michoacán, pero en las casas y las escuelas ya no se realizaban, o al menos esa es mi percepción.

Yo tenía familiares viviendo en el norte y ahí era otra cosa, la tradición estadounidense ya se había permeado en los estados mexicanos vecinos. Fue ahí donde por primera vez vi con admiración y "envídia" (yo era una niña) como los niños se disfrazaban y pedían dulces de casa en casa.


Ahora es diferente, a mis hijas ya les tocó festejar Halloween en México. Casi en todas las ciudades los niños han adoptado la tradición anglosajona. Pero lo curioso es que la tradición mexicana no se perdió sino al contrario, ahora en cada rincón de este hermoso país se vuelven a armar unos maravillosos altares: en las casas, en las escuelas, en las plazas, en las oficinas. Eso me gusta. Parece que un grupo de personas cuando vieron que no podían contra la globalización optaron por reforzar nuestras costumbres.

Así es como ahora tenemos una mezcla de ambas tradiciones, el día 31 de octubre los niños se visten de vampiros, brujas, calabaza o cualquier otro personaje extraño y el 2 de noviembre festejan el Día de Muertos con un maravilloso Altar.



Creo que esa es una enseñanza que me llevo para mi proceso de migración, no se deben perder las tradiciones propias, pero no hace daño adoptar nuevas. Es una actitud, que a mi parecer, enriquece porque nos hace tolerantes y nos permite entender un poquito las diferencias.




A mí me encantan las dos actividades: Halloween me parece un excelente pretexto para convertirse en niño nuevamente, disfrazarse y pasarla increíble; y el Día de Muertos me permite compartir con mis hijas mis recuerdos sobre mis seres queridos que ya no están con nosotros, saborear juntos nuestras comidas típicas y enseñarles una actividad que nos hace únicos como mexicanos, nuestra muy particular forma de ver la muerte.


viernes, 29 de octubre de 2010

Para compartir y recordar!!!

Nunca he hecho un blog, ni tengo idea de como se hace pero supongo que iré aprendiendo, no quiero hacer un foro de discusión, simplemente compartir con mi familia y amigos (incluídos aquellos que se vayan uniendo en el camino) todas esas cosas que llenan mi cabeza: ideas, reflexiones, anécdotas.

Ahora que existe la posibilidad de que migremos a Canadá no dejo de pensar en qué es lo que me motiva a partir y qué es lo que siento me va a costar más trabajo estando allá, quiero tenerlo muy claro, porque migrar no es fácil y podría suceder que en los problemas del día a día uno se pierda en la desesperación y pierda la brújula. Una de esas cosas que rondan mi cabeza es la familia y sobre todo los niños.

                                     

Tengo claro que cuando partamos no podremos estar presentes en muchos de los momentos importantes de los abuelos, los tíos, los sobrinos. Y sobre todo sé que ellos no estarán cuando mis hijas festejen sus cumpleaños, presenten sus trabajos escolares, abran los regalos en navidad, aprendan a andar en bicicleta. Esto es algo que me importa, porque yo tuve la suerte de compartir con mi familia toda clase de momentos especiales, pero también es cierto que con la familia de mi mamá sólo compartíamos una o dos veces al año y no por eso los lazos son más débiles, al contrario con muchos de ellos tengo una mejor relación que con primos con quienes convivía cada fin de semana. A veces es cierto que la calidad del momento hace más que la cantidad. 

En la actualidad hay tantos medios electrónicos que nos permiten sentirnos cerca, espero que sepamos aprovecharlos para acercarnos en esos momentos cuando los sentimientos son tan fuertes que tenemos la necesidad de compartirlos.

Y para terminar ya que estamos hablando de festejar y recordar, escribiendo esta entrada y poniendo la foto del cumpleaños de los enanos me acordé de aquellas maravillosas fiestas que nos organizaba mi mamá, donde gracias a que las tres cumpliamos años tan seguiditas se convertían en todo un evento. La que más recuerdo es aquella de disfraces, mi mamá nos mandó hacer los atuendos de payasos, nos pintó y organizó una fiesta encantadora: con sala de cine, juegos de destreza, piñata, palomitas, dulces y sobre todo mucho amor, porque no puedo dejar de ver las fotos y el video sin pensar que sólo alguien que te quiere tanto se esmera en dejar todo tan bonito. ¿De qué se acuerdan ustedes?